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¿Hay tiempo o no lo hay?

2 - 3 de junio de 2007 clan ruta

¿Hay tiempo o no lo hay? Tenemos que salir de aquí. La ciudad me está abrumando.
Sólo necesitamos un par de días y… ilusión (si todavía nos queda alguna en el baúl).

La cosa va un poco precipitada: ¿las barcas estarán pinchadas?, ¿quién se encarga de la comida?, ¡no tenemos remos! … demasiado agobio para una sola semana. No te preocupes, confía que todo saldrá bien.

Son las diez y media de la mañana del sábado y ya se ven sonrisillas por el local. Eso son los nervios pre-escapada. Siempre lo pensé. Aunque esta vez no se refería sino a que quedaba media hora para montarnos en el coche y no había siquiera un remo en nuestro equipaje. Nos ponemos a la búsqueda de cualquier “cosa” útil para su realización: una sartén, cacerolas, cartón, cuerda de pita…. –creo que nos estamos desviando-. El acabado: remos de palo de escoba, barras de hierro, listones de madera, palas de playa…y mucha cinta aislante (la cuál, si es buena, puede llegar a sacarte de muuuuchos apuros).

Villanueva del Río no está tan lejos. Llegamos en apenas una hora de viaje. Reorganizamos el equipaje para llevar cada uno una mochila y amago de vaciarnos las manos. Inflamos las barcas, mochilas al fondo, remángate los pantalones y pega un salto que, como no te montes rápido, ¡te lleva la corriente!

La verdad es que no es para tanto. Siempre pesa más el pensar que tienes que remar a contracorriente que realmente la situación llevada a la práctica.

Esta es una parte densa. Demasiado retraso y un plus con el que no contábamos: hemos pinchado. Notas como el nivel del agua disminuye en el río y cómo aumenta en el interior de la barca (al menos esa sensación era la que me daba a mí :=). A leves penas conseguimos enmendar los pinchazos y continuar el ascenso. La verdad es que no tardamos demasiado en alcanzar el final de la travesía.

Se ha hecho demasiado tarde, y el estómago ruega clemencia. Es hora de comer. El tema del ñam-ñam es difícil: toda la comida debe ser portada por nosotros; no es posible llevar nada frágil, nada que no pueda aguantar un poquito de sol, nada que pese mucho, nada que precise agua para su preparado…. Aunque parezca mentira esto es un reto de los buenos. O sea, que nos estábamos incorporando al mundillo “la lata es tu amiga”. Después de todo, barrunto que el menú sorprendió a más de uno.

Apenas descansamos una hora, tiempo empleado en deshinchar las barcas, y reemprendemos el paseo. Esta vez nos dirigimos a la chopera, que nos resguardaría durante nuestra aventura.

Sorteamos plantas alergénicas, cruzamos ríos, saltamos rocas… y poco a poco, sin apenas darnos cuentas, las manos de la tierra amasan nuestros hombros. Ya no se escucha el continuo jaleo de la urbe. Ahora… todo lo que necesito está, y todo lo que está me envuelve, me acoge, me recoge. Menos es Más.

Tarde de merecidísimo baño. El primero de la temporada para algunos de nosotros. Y siempre es el más deseado. Buff!. Simplemente extraordinario. Tierra, roca, agua, vida. Me encanta esa sensación de notar cómo el agua limpia los pequeños arañazos, producto de las hierbas de la caminata. Agua fría para calmar el ansia de querer poseer ese lugar. Agua fría para nosotros.

Al tiempo que nos cambiamos de ropa nos repartimos para preparar un poco la situación de la noche. Cocineros, leñadores y constructores del Vivac. La noche nos salió curiosa. Había una rara sensación en el ambiente. Todavía sigo pensando que alguien nos vigilaba desde fuera del aro de luz de la hoguera (algo grande pero no tanto como un visón). Quizás los cientos de pares de ojos de las arañas que nos rodeaban generaban esa percepción.

Noche estrellada, luna de profunda blancura, crepitar de la madera entre las fugaces llamas… Cierras los ojos y te dejas llevar. Mente en blanco.

A la mañana siguiente, fregando platos y arreglando un poco el lugar. Es nuestro hogar y… debemos cuidarlo y tenerlo a punto, ¿y si nos viene una visita inesperada?

A medio día Rapel. Emprendemos ruta por entre piedras de grandes dimensiones y terrenos de notable pendiente. Es un tanto estresante el caminar por estos lugares…pero llegar a la cima vence cualquier deseo de abandonar.

La cima está compuesta de un pequeño entrante de la pared rocosa, y un árbol, portador de nuestra presencia física durante el descenso. Arriba una espectacular vista, en la mitad la adrenalina de tener una cuerda entrelazada en tu cuerpo que te controla el avance. Abajo el agua fría que continua llamando nuestra atención.

Breve baño antes de comer, con amago de jugar al “pañuelo acuático”. Preparamos el almuerzo, descansamos, conversamos y, desgraciadamente, ha llegado la hora de marchar. Recogemos y rederecogemos (para no olvidar nada, que siempre pasa).

Un adiós para el lugar, un hasta pronto para el agua, y un ánimo para subir la cuesta que lleva al camino de regreso a Villanueva.

Parece ser que llevamos pinta de necesitar una buena ducha, puesto que al menos una veintena de conejos huyen despavoridos hacia todas las direcciones a nuestro paso. ¡Qué agradable encuentro!

Menos es Más.

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Ficha técnica

Autor:

Teresa (Clan)

Teresa (Clan)

Publicado el Domingo 3 de junio de 2007

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